Dióxido de carbono es una molécula compuesta por un átomo de carbono y dos átomos de oxigeno. No lo podemos ver a simple vista, se encuentra en estado gaseoso y es el principal gas de efecto invernadero producido por el ser humano.

Dióxido de carbono
Dióxido de carbono

En condiciones ambiente de temperatura y presión encontramos el CO2 en estado gaseoso en la atmósfera. Muchos seres vivos lo expulsan como consecuencia de la respiración, aunque también se produce de forma natural en volcanes o en la descomposición de organismos. El CO2 ha ganado una gran relevancia para la humanidad debido a que sus niveles se han incrementado como consecuencia de la industrialización. El uso de combustibles fósiles ha hecho que se expulse una gran cantidad de CO2 a la atmósfera, generando un peligroso incremento de los gases de efecto invernadero.

Dióxido de carbono y efecto invernadero

El aumento de la cantidad de CO2 liberado a la atmósfera es lo que ha aumentando el efecto invernadero. De hecho, el CO2 es el principal gas de efecto invernadero que producimos los humanos. El efecto invernadero es el fenómeno que se produce cuando la radiación solar que entra en la atmósfera no sale como debería, sino que es absorbida y emitida o reflejada por una capa de la atmósfera donde hay una acumulación de gases de efecto invernadero. Esta radiación vuelve a incidir en la Tierra y produce un calentamiento global negativo para el ecosistema, generando temperaturas anormales que modifican el clima, deshielos y peligro para la vida en la Tierra.

Dióxido de carbono
Dióxido de carbono

Todos tenemos un papel clave en la producción de dióxido de carbono. De hecho, los automóviles con motor de combustión emiten el 14% del dióxido de carbono que expulsamos a la atmósfera, por lo tanto somos responsables de ello. Por esta razón es que vivimos una carrera por la electrificación, impulsada en gran medida por las políticas de la Unión Europea. Como medida contra el calentamiento global a partir del 2030 se prohibirá la venta de autos con motores de combustión (en Europa). La producción de autos eléctricos genera una huella de carbono que no es insignificante. Pero no expulsa dióxido de carbono al desplazarse, toda la producción de CO2 relativa a un auto eléctrico se produce a la hora de fabricarlo o reciclarlo para ambos casos podemos esperar una mejora que se dará con el tiempo.

Emitir menos CO2 es posible

Es posible reducir nuestra huella de carbono incluso aunque tengamos un auto con motor de combustión. Una forma es planteándose si realmente necesitamos utilizar el auto o no. Usar medios de transporte como la bicicleta, patineta eléctrica o transporte público, pueden ser buenas formas de evitar usar el auto si tenemos que desplazarnos de forma individual. O podemos compartir nuestros trayectos en el auto. Si definitivamente lo vamos a usar podemos hacer un uso eficiente del combustible evitando acelerones y frenadas bruscas, buscando economizar al máximo el gasto de combustible. También realizar un buen mantenimiento del auto es otra de las cosas que contribuye a reducir la huella de carbono. Un motor que funciona de forma correcta, utiliza menos combustible para mover el vehículo.

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